Quien no recuerda a Carlos Rodríguez Gacha, Pablo Escobar o a Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela? Personajes que al ser, unos asesinados y otros encarcelados, determinaron el fin de las organizaciones de traficantes. Al menos así lo proclamó el ilustre presidente del momento Ernesto Samper al igual que su antecesor Cesar Gaviría. Pero afortunadamente para, esto sólo significaba, tal vez, el fin de los llamados carteles y de los seres conocidos como capos quienes se hicieron famosos en el mundo por su violencia, su dinero y sus pintorescas acciones. Hombres que fueron idolatrados, odiados he incluso inmortalizados por toda una generación. Pero los promotores del desarrollo y Hombres de paz no eran inmortales y en algún momento fueron derrotados.
Pero hubo un comienzo, un tiempo glorioso donde se destacaron como un núcleos importantes de tráfico de cocaína, Cali y Medellín. A estos le siguieron Bogotá, Valle, la Costa he incluso Ibagué, Neiva y Pereira con el negocio de la amapola. Y a todas se les conoció con la figura americanizada del cartel, dándolas a entender como organizaciones jerárquicas y centralizadas. Aunque parecían ajustarse más al término de clanes, con costumbres y maneras propias de ser. Y es así como vimos a unos narcos caleños que parecían ante todo empresarios en contraste con personajes como Gacha para quienes la tierra significaba poder al igual que los caballos, la música ranchera y los grifos de oro.
El derroche de dinero y de fuerza, el consumo fastuoso y el ritual religioso son mecanismos de reafimación personal y colectiva de quienes vienen del mundo de los excluidos . Recordemos que muchos de estos capos provienen de familias y sectores humildes de las ciudades.
Para ellos el dinero y el poder carecían de sentido sino había la posibilidad de exhibirlos públicamente ¿ qué mejor manera de atemorizar e intimidar tanto a sus súbditos como posibles rivales Pequeños re...